martes, junio 15, 2004

Descontrol

Ejemplo clásico del descontrol del control:

Se invirtió más de un millón de pesos: debió ser automático, pero casi nunca se acciona solo.
Un sistema de control sin controles.

Es defectuoso el funcionamiento de los pilotes que el gobierno instaló para evitar el caos de tránsito en el microcentro.

# LA NACION comprobó que los pilares no se levantan para impedir la circulación de vehículos no autorizados.
# No se usan ni las obleas ni las tarjetas identificatorias.

El sistema se llama control inteligente de tránsito. Eso está claro. Lo que no se entiende es por qué. Hace casi cinco años el Gobierno de la Ciudad anunció con bombos y platillos que había instalado en cinco esquinas del microcentro porteño un sistema de pilotes para solucionar el caos de tránsito que se producía en la zona y para dotar de seguridad a la city porteña durante el horario bancario.

Hoy sólo funcionan los mecanismos de tres de las cinco esquinas. Pero lo cierto es que el sistema de pilotes rara vez se activa. Así lo comprobó LA NACION durante una recorrida realizada ayer. Los pilotes automáticos no se usan, información que fue confirmada por comerciantes, por vecinos y por empleados que trabajan en la zona.

A pesar de que el gobierno porteño gastó más de un millón de pesos para instalar el sistema, la restricción del ingreso de vehículos en la city en cada una de las cinco esquina la deciden un policía y un inspector porteño. Es decir, se afecta a diez personas a hacer la tarea que el gobierno local había anunciado que realizaría el sistema en forma automática.

LA NACION intentó consultar a la Subsecretaría de Control Comunal y a la Secretaría de Infraestructura y Planeamiento del gobierno local para conocer qué iba a hacerse al respecto, pero no obtuvo respuesta. Extraoficialmente, se supo que el sistema causaba más trastornos que beneficios, que varios automovilistas demandaron a la Ciudad porque sus vehículos resultaron dañados por el mal funcionamiento de los pilotes.

En 1999, éstos fueron ubicados en cinco puntos estratégicos: tres sobre la calle Reconquista, en las intersecciones con Corrientes, Presidente Perón y Bartolomé Mitre, y dos más sobre Sarmiento, en el cruce con 25 de Mayo y con San Martín.

Los pilotes deberían elevarse unos 50 centímetros del piso entre las 11 y las 16 para evitar el paso de los autos que no estuvieran autorizados.

El mecanismo de 25 de Mayo y Sarmiento no funciona desde principios de año, explicó el inspector porteño responsable de activarlo, que prefirió no ser identificado. El, igualmente, hace su trabajo. Es que, en realidad, nunca dependió del sistema.

También el mecanismo de Bartolomé Mitre y Reconquista estuvo más de 15 días roto. Pero ayer un técnico lo reparó. "Vienen, lo solucionan y a los dos días no funciona más. No sé para qué lo arreglan si después no lo usan", dice Héctor Praderes, que atiende un quiosco a una cuadra de allí.

Hace cinco años, el gobierno porteño anunció que todos los camiones de caudales o postales y los más de 700 autos que estacionan diariamente en esa zona contarían con una tarjeta magnética que les serviría como pase, con un sistema de lectura similar al que se utiliza en las autopistas. Pero, según comprobó LA NACION, en San Martín y Sarmiento, menos del diez por ciento de los vehículos que ingresan en la city tiene el permiso de acceso al microcentro expuesto en el parabrisas. Y mucho menor aún es el porcentaje de autos que tienen instalado el chip automático que hace que bajen los pilotes.

Durante el tiempo que LA NACION permaneció en esa esquina pasó una enorme cantidad de camiones transportadores de caudales y de correo. Ninguno tenía la oblea con el permiso. Lo mismo ocurrió con un patrullero. Sólo algunos autos de personas que trabajan en el área o tienen allí su vivienda estaban equipados.

Cuando se consultó a los cinco inspectores que autorizan el ingreso en igual número de esquinas del sistema, la percepción fue confirmada.

En el sector financiero funcionan cerca de 170 bancos, casas de cambio y entidades de crédito. Pero sólo un ínfimo porcentaje de los vehículos que ingresan allí exhibe el permiso.

Por Evangelina Himitian
De la Redacción de LA NACION .

Sorpresa entre los conductores

La prueba de que el sistema de pilotes raramente se activa es la reacción de los conductores. A pedido de esta cronista, uno de los inspectores activó ayer el mecanismo que hizo subir los pilotes. Una mujer que avanzaba en un Peugeot 306 gris se sorprendió: "¿Qué pasó acá? -preguntó al policía en San Martín y Sarmiento-. Pero yo tengo que pasar porque todos los días vengo y estaciono en aquel garaje. ¿El permiso? No, nunca lo saqué, pero trabajo acá...", insistía la mujer.

Algo similar ocurrió en Reconquista y Perón. A pedido de LA NACION el inspector activó los pilotes. Un hombre que manejaba un Volvo verde se detuvo. Tenía el permiso. El inspector le pidió que usara su chip. El hombre tardó en encontrarlo, pero finalmente lo expuso a la lectora. Los pilotes nunca se bajaron. El agente porteño tuvo que hacerlos descender.

Poco tiempo había pasado hasta la llegada de un Renault 19 con chip. Esta vez el lector sí funcionó. Pero cuando había terminado de pasar, el susto se lo llevó la grúa que venía detrás. Los pilotes subieron solos y faltó poco para que se incrustaran bajo el tren delantero.

"¿¡Qué me hacés!? ¿Me querés romper todo?", gritó el conductor al inspector porteño. Y bueno, vuelta a bajar el mecanismo. "Y que se quede ahí", deslizó el inspector.

"Además de poco inteligente, el sistema es peligroso. Al principio hubo muchos autos rotos por culpa de los pilotes que se levantaban de golpe. Y, además, mucha gente tropezó y se cayó al piso. Es mejor que no los usen más", sugirió Alberto Miguelet, que trabaja en un banco sobre la calle Reconquista.

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